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El lugar de Brasil en medio a la guerra comercial entre EEUU y China

Las dos economías más potentes del mundo están en plena disputa comercial. ¿Qué lugar ocupa Brasil en el conflicto y qué esperar de las proyecciones para la política económica externa en el gobierno Bolsonaro?

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[Contenido traducido del portugués. Accede al artículo original aquí]

America first. Bajo el lema del protagonismo americano, Donald Trump logró su posición de presidente de Estados Unidos. El slogan sintetiza los planes políticos y económicos del magnate: la contención de las olas migratorias con origen en México hacia el territorio norteamericano y la batalla comercial con China son dos de los proyectos de su gobierno. Y, hasta tanto, no quedan dudas de que se están llevando a cabo.

Las amenazas comerciales de Trump a China empezaron ya en 2016, cuando Trump aún tomaba parte en la carrera presidencial. En el inicio del 2018, se empezó a notar la ejecución de las medidas ofensivas. El presidente de la mayor potencia mundial se ha decidido por encargar aranceles en múltiples productos chinos que llegan a EEUU, compeliendo el gigante asiático a hacer lo mismo. La batalla logró números expresivos: los aranceles adoptados mutuamente por los países ya suman un importe de cientos de miles de millones de dólares.

Las incertidumbres acerca de la relación entre Brasil y China se han recrudecido tras la elección de Jair Bolsonaro al cargo de presidente brasileño. Mientras era candidato, Bolsonaro llegó a criticar la conducta económica china, comportamiento que no ha gustado al gobierno del gigante asiático.

Pese a las imprecisiones del escenario político brasileño, ¿Hay como prever qué relación se establecerá entre Brasil y China en el gobierno de Bolsonaro? ¿Hay indicadores concretos de cómo se llevará a cabo la política exterior comercial de su gobierno? ¿Es posible que se afecten los flujos comerciales entre los dos países?

Hemos preparado un panorama de la guerra comercial entre EEUU y China y hemos hablado con el Profesor Doctor del grado de Economía en FAE (Curitiba, Brasil), respecto al futuro de la relación comercial entre Brasil y China.

El lugar de Brasil en la batalla de gigantes

Mientras se disputaban las elecciones presidenciales en EEUU el 2016, la palabra China era un término muy abordado por Donald Trump, entonces candidato por el Partido Republicano. Desde la visión del magnate, el país asiático representa una espina para los EEUU, debido al país haber atraído gran parte de la industria norteamericana en la primera década del siglo, dejando la fuerza laboral estadounidense en vilo.

Para Trump, China utiliza prácticas comerciales “desleales” para captar inversiones. Durante los debates presidenciales, declaró incluso que “los chinos se están usando a nuestro país como alcancía para reconstruir el suyo”. Ahí empezaba la batalla que meses más tarde ganaría rasgos más claros.

Basándose en este raciocinio, Trump inicia un ataque comercial contra el gigante asiático en 2018. Ya en marzo, el líder norteamericano elige imponer la aplicación de aranceles sobre más de mil productos chineses, alegando vulneración de la propiedad intelectual, lo que ha sumado un importe de US$ 50 mil millones.  Como justificación a la medida, el gobierno norteamericano señala a menudo el déficit comercial entre los países en 2017, que llegó hasta los US$ 375,2 mil millones.

El gigante asiático ha reaccionado pronto al presentar más encargos sobre los productos con procedencia estadounidense – como coches, aviones, carnes y productos químicos. China incluso ha apelado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) con el objetivo de defenderse de los ataques norteamericanos y bajo la alegación de que las medidas proteccionistas de Trump son contrarias a los principios comerciales de OMC.

Mientras tanto, la tensión entre los gigantes se ha recrudecido, obligando China a estrechar las relaciones con otros países y causando cierta dosis de tensión en la política exterior de múltiples economías. Ante las amenazas comerciales de Estados Unidos, China se ha acercado de los países latinoamericanos.

Sin embargo, dicha aproximación no es reciente. Tras los últimos 15 años, China ha ocupado un puesto vacante que Estados Unidos ha dejado en América Latina. La inquietud de los gobiernos norteamericanos con las amenazas de terrorismo, la inmigración y las tensiones en Asia han contribuido para el relativo alejamiento de la región. El acercamiento chino a los países latinos puede ilustrarse en números expresivos: tras los últimos 15 años, el país ha multiplicado por 22 veces el flujo de comercio con países latinoamericanos. China es, hoy, el principal socio comercial de Brasil.

La influencia del gigante asiático en la balanza comercial es indiscutible. En 2017, China compró US$ 50,2 mil millones de Brasil. La relación suntuosa ha dejado Brasil en un superávit comercial récord de US$ 67 mil millones en 2017, un 40,5% a más que el registrado en 2016. Desde hace poco, China ha anunciado que va a detener la importación de soya de Estados Unidos, y pasar a comprarla solo de Brasil, decisión que deberá estrechar aún más los vínculos comerciales entre los países.

Para el profesor de economía de la FAE Business School, Carlos Cleto, la magnitud de los números hace poco probable que la relación entre Brasil y China se debilite. Pese a las incertidumbres que rondan las directrices políticas y económicas de Bolsonaro, aún en planteamiento, Cleto destaca que una rotura comercial en la exportación de la soya, por ejemplo, afectaría exactamente el sector que ha ayudado a elegir el futuro presidente brasileño: el agronegocio.

“En Brasilia, el agronegocio es una base de apoyo a Bolsonaro. El bloque ruralista ha sido sinónimo de asistencia, por lo que él necesita del grupo. En la ocasión de una represalia a China, el bloque sería el gran afectado.” señala.

En relación al ecommerce, el alineamiento entre Brasil y China reúne números importantes. Una investigación internacional conducida por la consultora Pitney Bowes ha identificado que un 51% de los brasileños que compran en sitios extranjeros consideran los productos chinos como opción. Es la mayor participación entre los 12 países evaluados por la agencia. Los ámbitos que más movimentan las importaciones de productos chinos para Brasil son, por su vez, los electrónicos (31%), ropa (29%) y la informática (27%).

En Brasil, gigantes del ecommerce chino, como Aliexpress, hacen parte del cotidiano de muchas personas. En 2017, más de 22 millones de brasileños  han hecho sus compras en sitios extranjeros, sumando US$ 2,7 mil millones. Según Ebit – compañía referencia en comercio electrónico – el sitio preferido para las compras fue, de hecho, Aliexpress.

Ante números tan relevantes, no debería sorprender a nadie que China ha quedado en alerta tras la elección de Jair Bolsonaro. Durante su campaña, el presidente elegido en Brasil ha destacado que va a dificultar las relaciones diplomáticas y comerciales que considerar “ideológicas”. Acerca de eso, hay un cierto temor de que China se añada al rol.

El nuevo presidente de Brasil llegó incluso a declarar que “China desea comprar a Brasil”, haciendo referencia a la inversión china que el país ha recibido tras los últimos años. En marzo del 2018, período de recrudecimiento de la guerra comercial entre EEUU y China, Bolsonaro ha visitado Taiwán, considerada por el gobierno chino como una isla rebelde. Y las declaraciones de Bolsonaro sobre el mayor socio comercial de Brasil no resonaran bien en Asia.

El gobierno chino ha publicado una nota en el principal periódico estatal del país, el China Daily, revelando preocupaciones con la futura relación con Brasil. En la publicación, China refuerza el beneficio mutuo creado por los negocios entre los dos países y advierte que, en caso de que Bolsonaro decida por romper con Pekín, “el costo económico puede ser duro para la economía brasileña, que acaba de salir de su peor recesión en la historia “.

El posicionamiento más rígido del gobierno chino parece haber surtido efecto en las declaraciones de Bolsonaro, llamado por el gobierno chino de “Trump Tupiniquim”. A pesar de la imprecisión de sus propuestas y de su plan de gobierno, tema que abordamos en ese artículo, Bolsonaro ha dejado entender que su postura como presidente será distinta.

En los últimos días, se reunió con el embajador chino Li Jinzhang y declaró que el comercio con China puede ser ampliado en su gestión. Además de este episodio con trazos de reconciliación, el futuro ministro de Economía de Bolsonaro, el economista Paulo Guedes, ha recibido orientaciones de que Brasil se mantenga imparcial ante la guerra comercial entre EEUU y China. La sugerencia se ha dado por el profesor de la Universidad de Columbia Marcos Troyjo, consejero de Guedes sobre comercio internacional.

Un riesgo improbable

Ante la importancia comercial de China para Brasil, no sorprende que el discurso de Bolsonaro sobre la influencia china en la economía brasileña se convierta en más blando. Al final, cualquier indisposición con el mayor socio comercial brasileño podría afectar a la economía del país.

Si bien hay imprecisión sobre la política exterior del próximo gobierno, Carlos Cleto considera poco probable que Brasil asuma medidas drásticas en la relación con China.

“Creo que él [Jair Bolsonaro] va a ser alertado lo suficiente para no tomar una postura unilateralmente. Incluso veo como muy radical que Estados Unidos llegue a presionar a Brasil a entrar en esa guerra comercial, algo que recuerda incluso la Guerra Fría. No veo esa lógica “, señala el economista.

Para Cleto, lo ideal es que Brasil busque un lugar estable en medio de la disputa comercial trabada entre los dos gigantes. “Acercarse de Estados Unidos no significa necesariamente alejarse de China. “Tenemos que buscar crecer en el comercio internacional con todos los países”, defiende.

Restringir los acuerdos comerciales justamente con su mayor socio, en la visión de Cleto, sería una medida equivocada. “Si hay alguna represalia, nosotros seríamos los mayores perjudicados”, concluye. En ese sentido, a lo que todo indica, es poco probable que Brasil asuma el riesgo de sacudir la sólida relación que tiene con China. Sin embargo, como de hecho la relación va a ocurrir dependerá del escenario político y económico del 2019.

 

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