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Negocios

México traza un rumbo revolucionario para el sector fintech

Gavin O’Toole, el autor de Politics Latin America y otros cinco libros sobre Latinoamérica, opina sobre la industria fintech en la región.

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México sabe un par de cosas sobre revoluciones.

El tumultuoso movimiento de 1910 a 1917 ha moldeado y definido la sociedad Mexicana en el siglo siguiente – pero también ha despertado una revolución tecnológica en un país ávido por modernidad.

Ese anhelo se ve muy bien captado en uno de los más célebres murales de Diego Rivera, El Hombre Controlador del Universo, concluido en 1934.

Al centro de esa épica imagen, un operario controla una inmensa y compleja máquina para establecer el orden entre las ideologías competidoras que predominaban en el período.

Así que,  no resulta sorprendente que México esté justo en el centro de la revolución fintech que ahora sucede en América Latina.

Desde hace un año, en este mismo mes de marzo, el Congreso mexicano ha pasado la primera ley en América Latina para reglamentar la tecnología financiera.

Eso tiene por objeto proporcionar mayor certidumbre al sector fintech, a través de la reglamentación de plataformas y establecimiento de una estructura para garantizar la competencia justa entre startups y instituciones financieras ya consolidadas.

Lo que queda demostrado, así, es como los gobiernos se están poniendo al día con un sector en rápido desarrollo, conscientes – tal y cual Rivera – de cómo la tecnología puede prenunciar beneficios sociales grandiosos.

La ruta revolucionaria

No cabe duda de que una revolución fintech se está diseminando por los países latinoamericanos.

En el último informe del sector, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Finnovista – entidad que trabaja para fortalecer el ecosistema fintech – identificaron un alza del 66% en el número de startups fintech en América Latina entre 2017 y 2018.

Suman ahora 1166 empresas de tecnología financiera en la región y la actividad ha expandido para 18 países, liderados por Brasil (380 startups), México (273), Colombia (148), Argentina (116) y Chile (84) – un tercio de ellas ya operan más allá de sus fronteras de origen.

Alrededor de un cuarto de esas startups están proveyendo pagos y remesas que, cuando combinadas con las firmas de préstamos y de gestión financiera empresarial, juntas representan el 67% de todos los proveedores fintech en la región.

El escenario actual está muy lejano de aquel que era hace algunos años, cuando el tema de las fintech no estaba en la agenda política de discusiones.

La ausencia de una medida aceptada para evaluar la innovación financiera en América Latina ha impulsado BID a actuar – lo que resultó en el primer informe ya publicado del sector, en 2017.

¿Por qué avanzan las fintech?

El BID señala hacia tres indicadores del crecimiento fintech: la masiva penetración de los aparatos móviles en la región – 67% en 2017 – la oferta limitada de servicios de la mano de los bancos tradicionales, y las millones de personas excluidas del sistema financiero, sobretodo en razón de la pobreza.  

Según WorldBank, un 45% de los adultos latinoamericanos todavía no hacen parte de los servicios financieros formales porque no logran abrir una cuenta bancária, una brecha existente en el mercado y que las startups fintech están apresurándose para ocupar.

Lo que parece es que, tal como sucedió después de la Revolución de México de 1910, el esfuerzo por corregir un mal social está avanzando unido al cambio tecnológico.

De hecho, eso es algo que viene de la mano de una evidencia global: queda claro que el ahorro público y el bienestar económico están directamente relacionados a las actividades de tecnología financiera.

Además, la población jóven de América Latina está ansiosa por lanzar pequeñas y medianas empresas (PYME), pero está siendo ignorada por los bancos tradicionales.

Estos jóvenes con experiencia digital ven a las fintech como la solución obvia, de ahí la gran popularidad del crowdfunding en la región.

El BID también señala que el capital de riesgo ve una oportunidad: en el segundo semestre de 2017, las empresas fintech latinoamericanas obtuvieron un récord de US$ 430 millones en capital de riesgo.

La inversión está circulando en gran escala desde inversores ángeles, aceleradoras y fondos de inversión, tanto de América Latina como de los Estados Unidos y Europa: más del 60% de las startups fintech ahora se benefician de la financiación externa.

El rol de la política pública

Sin embargo, la verdadera clave para el crecimiento a largo plazo serán las políticas y regulaciones públicas que promuevan la inclusión financiera y aumenten la confianza de los consumidores en los servicios digitales.

Los empresarios de la industria fintech lo saben: según el BID, el 35% de las empresas encuestadas afirman que se necesitan regulaciones específicas para que el sector prospere.

Ante esto, se está logrando un rápido progreso a medida que los reguladores y la industria participan en un diálogo intenso para impulsar el crecimiento y la confianza.

Es por eso que, al igual que en 1910, México está abriendo un camino revolucionario.

La reglamentación del país se centra en cuatro principales ámbitos: crowdfunding y pagos electrónicos, criptomonedas, los protocolos de software que permiten a las nuevas empresas prosperar (API) y las zonas regulatorias (regulatory sandboxes) para fomentar la innovación.

Esta legislación se considera un modelo en la región debido a su énfasis en la “proporcionalidad” – un principio regulatorio sencillo, pero de importancia crítica para promover una forma de supervisión de mercado que sea “proporcional” a las características de las entidades que están siendo reguladas.

Esto significa que la regulación de México aspira a tomar en cuenta los distintos modelos de negocios, tamaños y perfiles de riesgo de las startups fintech, de manera a no ahogar su desarrollo justo en el inicio.

Donde México se atreve a liderar, otros lo están siguiendo.

Los gobiernos de Brasil, Colombia, Argentina, Chile, Paraguay y Perú han empezado a introducir o debatir regulaciones en áreas como el financiamiento colectivo.

En Brasil, las reglas de crowdfunding han estado vigentes desde 2017, los acreedores P2P (peer-to-peer) pueden actuar de manera independiente a través de plataformas electrónicas, y las normas del sandbox regulatorio se acordaron.

En Colombia, las autoridades permiten a las entidades a realizar crowdfunding; además de haber establecido una nueva categoría de compañías de pago electrónico y fomentar el uso de la tecnología en el mercado minorista de valores.

En el último año, La Superintendencia Financiera de Colombia estableció un programa de tecnología financiera llamado InnovaSFC para promover y actuar en pro de la innovación en la industria de servicios financieros.

La oleada de regulaciones en América Latina resulta en gran parte de los incansables esfuerzos de asociaciones comerciales como Colombia Fintech, entidades que han surgido en casi todos los países.

En Chile, por ejemplo, las asociaciones fintech han presionado duramente por un marco regulatorio específico, lo que ha llevado a las autoridades a seguir el ejemplo de México.

Pero la presión para el cambio también está siendo impulsada por los claros beneficios sociales prometidos por la revolución fintech.

Los legisladores en América Latina se han dado cuenta de que las plataformas financieras alternativas pueden ayudar a resolver las antiguas barreras al acceso financiero e impulsar el desarrollo económico.

Es una revolución que hubiera inspirado a Diego Rivera a pintar un mural.

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