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El dólar en las elecciones brasileñas: puntos clave para comprender la fluctuación de la moneda en Brasil

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Ya no son los seriados, las telenovelas o el fútbol que están pautando las charlas diarias de los brasileños. En estes fines de 2018, el guión de la conversación pasa por dos temas novedosos: política y economía.

El cambio en el comportamiento de la sociedad brasileña se ha producido, principalmente, por el hecho de que Brasil pasa por uno de los períodos electorales más polarizados de su historia democrática. Por un lado, el representante del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, pelea para que el legado de su partido no se termine. De otro, el candidato del Partido Social Liberal, Jair Bolsonaro, se destaca por su posicionamiento político de ultraderecha y por liderar desde agosto las encuestas electorales. Representando proyectos de país completamente opuestos, la disputa entre los dos candidatos recrudece las tensiones de la población, de los analistas y, por supuesto, del mercado financiero.

Además de las polémicas en el ámbito político, el período electoral coincidió con el movimiento de valorización del dólar estadounidense en economías emergentes, como en Turquía y Argentina, haciendo que el dólar en Brasil registrase su valor más alto desde 2016: R$ 4,19, en el 13 de septiembre de 2018. Tras la definición de los protagonistas de la segunda vuelta, la moneda presentó reducciones significativas, volviendo en torno a los R$3, pero todavía quedan muchas dudas en relación al tema.

“¿El dólar deberá estabilizarse después de las elecciones?”, “Si las encuestas se confirman y Bolsonaro es elegido, la cotización de la moneda debe seguir reduciendo o puede elevarse otra vez?”.

Para responder a estas y otras preguntas, hemos hablado con el economista y profesor de la Universidad Federal de Paraná (UFPR) Fabiano Abranches Silva Dalto, experto en economía monetaria y financiera, y hemos realizado un análisis histórico sobre la fluctuación del dólar durante los últimos períodos electorales en Brasil.

La situación en 2002

Mucho se ha comparado el período electoral de 2018 con el de 2002. Desde hace 16 años, las elecciones ocurrían en un año de crisis tanto en el escenario mundial – con la amenaza de la guerra entre Estados Unidos e Irak, por ejemplo – cuanto en el contexto doméstico. En Brasil, la aprehensión del mercado internacional, la falta de liquidez y el país experimentando el mayor nivel de riesgo de la historia, caracterizaban el “Efecto Lula” en la economía, haciendo referencia al candidato que vendría a vencer las presidenciales, Luiz Inácio Lula da Silva. El temor no era infundado: el hasta entonces candidato a la presidencia representaba un giro con respecto al posicionamiento económico adoptado por el gobierno anterior.

La preocupación estaba relacionada a la posibilidad de una moratoria, tal cual había ocurrido en Argentina en 2001, ante a la creciente deuda externa brasileña. Ahí radica uno de los puntos que diferencian la situación del país en dicho período del contexto actual. En ese momento, la mayor parte de la deuda brasileña estaba cargada por acreedores internacionales, lo que dejaba a Brasil en una situación de vulnerabilidad con respecto a las fluctuaciones del dólar. En otras palabras, cuanto más el dólar aumentaba, más dólares salían del país, y más aumentaba la deuda externa, comprometiendo gran parte del presupuesto público.

Así como la situación en 2018, el período electoral de 2002 ocurrió en medio a un clima de incertidumbre económica y Lula aparecía como un componente sorpresa que sólo fue completamente descifrado tan pronto asumió la Presidencia de la República. Antes de eso, el posicionamiento real del candidato era una incógnita para los expertos y, por lo tanto razón para especulaciones. La sensación era muy similar a lo que se vive hoy en Brasil con respecto a los posibles rumbos del gobierno en los próximos años.

A pesar de las similitudes, colocar el Brasil de 2018 en la misma situación que 2002 puede ser una interpretación equivocada. El economista Fabiano Dalto señala que “la situación económica de Brasil es absolutamente diferente de lo que era en 2002. En 2002 y 2003, estábamos sin reserva cambiaria, muy endeudados en dólar y teníamos una deuda externa pública muy elevada, o sea, estábamos dependentes de flujo de capital para sobrevivir. Nuestras cuentas las pagábamos en moneda extranjera y necesitábamos de financiación externa (…) En ese aspecto [2018] es totalmente distinto, ya no dependemos tanto de aportación de fondos externos para hacer la economía crecer “.

Al comparar los dos períodos, Dalto plantea que Brasil está en una posición más positiva que en la época y los desafíos ahora son otros. “En 2002 teníamos también un problema de la balanza de pagos, no teníamos fondos propios para hacer frente a la deuda. Hoy, estamos en una situación exactamente opuesta, tenemos exceso de fondos para liquidar las deudas que van a vencer. Cuando la cuenta llegar, vamos a pagar y todavía tendremos dinero. Estamos en una crisis doméstica (…), pero desde el punto de vista exclusivamente del balance de pagos, la comparación no procede”, afirmó el economista.

“Toda elección genera incertidumbres”

Durante las elecciones presidenciales que sucedieron 2002, las expectativas del mercado eran diferentes. Sin embargo, según el economista, “toda elección genera incertidumbres” y estas incertidumbres impactan directamente en la volatilidad del cambio. Así, la inestabilidad en la cotización del dólar también fue observada en otros períodos electorales, pero no siempre la situación se presentó de igual manera.

En 2010, por ejemplo, especulaciones respecto al dólar en el período electoral fueron comunes. Ya en octubre de 2014 el dólar quedó devaluado. En este período, la moneda cerró el mes de octubre con un alza del 1,25% y cotización de R$ 2,479 el día 31/10/2014.

Otros factores influencian en estos movimientos, pero, como el equipo de economistas del EBANX también ya ha subrayado, reforzando el posicionamiento de Dalto, todo indica que la fluctuación sea pasajera, encontrando otra vez equilibrio, tan pronto el nuevo presidente sea confirmado.

(La época electoral) Es un momento de intentar adivinar lo que va a pasar más adelante, las condiciones que van a determinar los precios en el futuro. Cuando uno ve que era sólo especulación, los precios vuelven a su normalidad, y los agentes comienzan a percibir que el futuro va a ser más parecido al presente, al final, sin cambios significativos.Fabiano Dalto

El cambio en Brasil y en el mundo

Quien suele acompañar el mercado internacional probablemente ya ha relacionado algún punto de este texto con la situación vivida por Argentina. El país vecino tiene una relación delicada con la moneda estadounidense, lo que llevó en 2018 a un nuevo récord de devaluación de la moneda del país. Dalto, sin embargo, revela una visión más optimista para Brasil en comparación con el país vecino.

Según él, en Brasil, el stock de reservas internacionales garantiza relativa tranquilidad con respecto a los cambios cambiarios: la reserva de dólares llegó a US$381.7 mil millones en septiembre de este año. Se suma a eso la posición del país en el mercado internacional, hoy un acreedor en moneda extranjera. “Nosotros somos más protegidos de movimientos internacionales que Argentina, y eso es lo que nos está protegiendo en ese momento. La situación podría ser mucho más grave, podríamos estar pidiendo ayuda al FMI”, concluye.

Fabiano Dalto refuerza aspectos positivos de la actual situación de Brasil en relación a otros mercados más fuertes y que no son potencias emergentes, sino países bien establecidos en la economía mundial, como Australia. “Nadie va a llamar a Australia de mercado emergente, pero la volatilidad cambiaria es mayor que la nuestra”, explica. En los últimos años, Australia ha demostrado una fluctuación con respecto al dólar americano muy similar a la que vivimos en Brasil.

Aunque volátil, el modelo cambiario adoptado en Brasil no es exclusivo de países emergentes y, por lo tanto, no debe ser considerado inmaduro. Además, es un modelo que no deja al país en graves crisis económicas, como ya sucedió en Argentina.

¿Al fin y al cabo, cuál es el escenario?

En lo que se refiere al dólar, el escenario se presenta más estable. Prueba de dicha estabilidad es el actual proceso de valorización del real que Brasil ya está experimentando. Aparte de las cuestiones políticas más profundas, Brasil ya se ha recuperado de situaciones mucho más graves en el pasado en relación al mercado externo, como ocurrió en 2002. Hoy, está más fuerte y seguro de lo que ha estado anteriormente.

Para el mercado, externo e interno, el próximo presidente de Brasil debe ser alguien que, además del compromiso con la reducción del déficit fiscal, tenga condiciones políticas y estratégicas para lograr tal hazaña. La apuesta, es, por lo tanto, en el pago de la deuda y en la reanudación del crecimiento del país a través del control de gastos, de la aprobación de reformas y de la estabilización del escenario político.

La fluctuación durante el período electoral, así, es un movimiento esperado debido al modelo cambiario adoptado en Brasil. Pero los expertos en economía acuerdan que es pasajera y las definiciones de las elecciones que se celebrarán este fin de semana deben suponer un nuevo momento de equilibrio para el mercado.

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