Facebook Icon Twitter icon Linkedin icon
Negocios

Cara a cara: Cómo se comparan las propuestas de Haddad con las de Bolsonaro

¿No hay tiempo para leer?Escuche a ese contenido aquí.

00:00

00:00

Enviar por e-mail

Turbulenta, polarizada y contradictoria. Así se recordarán las elecciones generales brasileñas de 2018 en la historia del país. Los brasileños votan en la segunda vuelta este fin de semana y las propuestas de los dos candidatos todavía no están claras.

Con el ex presidente de Brasil, Lula (que está en la cárcel), impedido de volver a postularse, Fernando Haddad, ex alcalde de São Paulo, tuvo que intervenir y representar el Partido de los Trabajadores (PT), al mando de Brasil durante 14 años (salvo por los últimos dos, tras la destitución de la entonces Presidente Dilma en 2016). Por primera vez en 20 años, el principal rival del PT, el PSDB, no ha pasado a la segunda vuelta.

Quien postula contra ellos este año es el candidato del PSL, Jair Bolsonaro, que ha protagonizado las noticias con sus declaraciones polémicas sobre el racismo, el fascismo y la homofobia durante los últimos años, y rápidamente ganó popularidad entre los electores.

¿La mayoría de los brasileños van a elegir el partido de izquierda, que ha estado en el poder durante 14 años, o, en cambio, van rumbo a lo desconocido, eligiendo a un candidato de la ultraderecha?

Las investigaciones señalan que la elección de Bolsonaro es el escenario más probable. Pero, ¿qué necesitas saber sobre ambos candidatos? Hablamos con el economista Gilmar Lourenço para obtener algunas respuestas.

Una elección llena de dudas

Según Lourenço, los programas de gobierno que se presentaron en la primera vuelta de las elecciones casi han desaparecido en la segunda. «Ambos candidatos tienen directrices políticas muy confusas y contradictorias, incluso de modo intencional», afirma. «Haddad transmite la idea de que no hay una crisis tan grave en Brasil, mientras que Bolsonaro no logra proponer un proyecto con bases sólidas».

El economista señala que, en el panorama actual, es bastante difícil para cualquier cientista político o economista medir el impacto de los candidatos basándose únicamente en sus planes de gobierno, ya que no se están abordando algunos temas serios.

Nadie está hablando sobre cómo van a impulsar Brasil hacia la cuarta revolución industrial o sobre cómo van a combatir la desigualdad de ingresos. Guardan silencio sobre las reformas necesarias para que Brasil se convierta pronto en un país desarrolladoGilmar Lourenço

Jugando con la audiencia

Como en la mayoría de los casos, las promesas electorales están ahí para ocupar los titulares. Sin embargo, en esta elección nunca antes vista, esto es particularmente cierto. Por primera vez, una evaluación precisa de las verdaderas intenciones del nuevo presidente solo será posible después de que asuma y organice el programa de su equipo y el plan de transición.

Mientras tanto, los brasileños deben decidir su voto basándose en propuestas, que según Lourenço son difícilmente factibles y cuyo objetivo principal es que suenen bien a las masas.

Por un lado, Haddad intenta salir de la sombra de Lula, pero sigue apostando todas sus cartas a las ayudas sociales, declarando que reajustará el salario mínimo para la inflación y aumentará en un 20% el programa de transferencias condicionales de efectivo, Bolsa Familia. «Este movimiento busca aumentar su alcance sobre las comunidades más pobres y desfavorecidas, que es una parte relevante de su electorado», dice Lourenço.

El problema con las propuestas del candidato del Partido de los Trabajadores es que son técnicamente desafiantes y poco realistas. «Prácticamente está diciendo que no se necesitan reformas serias, ya que la desigualdad se resolverá con el desarrollo económico en sí. Pero si el candidato ajusta estos dos factores, el sistema de seguridad social brasileño se romperá, ya que no hay presupuesto disponible para dichas medidas».

La situación de Bolsonaro no es mejor. De hecho, pese a los 27 años en el Congreso, el candidato nunca tuvo una representación significativa, y además, se hizo famoso debido a sus declaraciones polémicas. Sus principales directrices políticas giran alrededor de un discurso conservador diseñado para atraer a la población que desea el fin de la corrupción y de la violencia que padece Brasil.

Entre las propuestas del candidato de la ultraderecha en relación con la economía está la eliminación del déficit primario en 2019 a través de un audaz programa de privatizaciones y concesiones que rendiría alrededor de BRL 3 billones al país. Otra promesa que se destaca es evitar que los empleados que ganan menos de 5 salarios mínimos mensuales paguen los impuestos del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) y cobrar un impuesto fijo del 20% a todas las personas que tengan un ingreso superior a esta cantidad.

Según Lourenço, hay dos problemas aquí. La primera propuesta es casi imposible de ejecutar, ya que llevaría mucho más tiempo lograr los resultados esperados. El segundo va en contra del principio de progresión en la tributación, comprometiendo la lógica y la recaudación de impuestos.

«La campaña de Bolsonaro está llena de controversia ya que los miembros de su partido a menudo hacen declaraciones de que Bolsonaro necesita desacreditar públicamente más tarde», dice Lourenço. Ejemplo de ello ha sido cuando su vicepresidente, el General Mourão, criticó el decimotercer salario y la bonificación de vacaciones de 1/3 del salario mensual. Bolsonaro tuvo que ir en contra de su VP y defender los beneficios. No solo eso, sino que también declaró que los aplicaría al programa Bolsa Familia.

La historia se repite

Aunque la elección de 2018 suena bastante imprevisible, hay como reconocer un patrón. Ambos candidatos hacen lo mismo que la ex presidenta Dilma Rousseff y su rival electoral Aécio Neves hicieron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales anteriores, en 2014.

En la ocasión, Dilma declaró que no había crisis y que Brasil volvería a recomponerse. Como era previsible, el país entró en recesión durante su mandato. Aécio, al igual que Bolsonaro, fue el primero contra el programa Bolsa Familia, sin embargo, pasó a apoyarlo en la segunda vuelta, como parte de su estratégia.

Los candidatos deben aprender de estos errores anteriores y evitar caer en la misma trampa. Lourenço también comenta sobre el impacto de propuestas inalcanzables e insostenibles. «Creer que el recurso público era infinito casi llevó Brasil a la ruina, por lo que esta concepción debe terminar si se quiere un cambio real».

No todo está perdido

A pesar de la agitación política, todavía hay esperanza, sin importar qué candidato va a ganar. «Sorprendentemente, algunas de las medidas adoptadas por el presidente Temer (el ex VP de Dilma, quien asumió el control tras su destitución) han logrado un buen impacto en la economía brasileña.»

 

 

Entonces, ¿podemos mantenernos optimistas? Según Lourenço, la respuesta es sí. Porque:

  1. La economía presenta una respuesta favorable.
  2. Tras el fin de las elecciones, el presidente finalmente desviará su atención del frenesí electoral hacia una percepción de gobernante, en lugar de candidato.

No podemos esperar ningún cambio por un período de un año, ya que el vencedor tendrá que negociar con la sociedad y el Congreso. Si logra implementar las reformas necesarias, Brasil estará en el rumbo cierto para convertirse en un país desarrollado.Gilmar Lourenço

¿Qué decir de los negocios internacionales?

Brasil tiene mucho margen de crecimiento y, si bien la política sigue siendo turbulenta, las empresas internacionales, especialmente los minoristas y vendedores de productos digitales, no deben preocuparse. El consumismo sigue creciendo (basta echar un segundo vistazo a los datos anteriores), y esos sectores nunca han dejado de crecer, incluso en la crisis más reciente de Brasil, en 2015.

También puede gustarte