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América Latina, política externa y el nuevo gobierno brasileño: ¿Qué esperar?

Aunque la campaña del entonces candidato a la presidencia brasileña se ha destacado por la manifiesta inclinación a asociarse con las grandes economías, como Estados Unidos, Jair Bolsonaro no demuestra rechazar a América Latina.

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[Contenido traducido del portugués. Accede al artículo original aquí]

Poco después de las elecciones presidenciales más notorias que Brasil ha experimentado en los últimos años, su presidente electo, Jair Bolsonaro (PSL), inició la divulgación de los nombres de los integrantes que van a componer el equipo de transición entre el actual gobierno de Michel Temer (MDB) y el suyo, que asume el mando del país el 1 de enero de 2019.

Todavía sin haber divulgado el nombre de quien dirigirá el Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) hasta el cierre de ese artículo, el 8 de noviembre, Bolsonaro por lo menos señaló que pretende elegir un diplomático de carrera para asumir el cargo, un movimiento a la ponderación en un escenario lleno de cuestiones delicadas de política exterior, como la transferencia de la Embajada de Brasil desde Tel Aviv a Jerusalén.

Sin asesoramiento claro en el ámbito internacional y con una campaña llena de controversias y desacuerdos respecto a la relación de Brasil con el mundo, es innegable que todavía queda indescifrable la ruta hacia la cual los primeros movimientos del nuevo presidente brasileño apuntan.

Durante su campaña, es muy cierto que Bolsonaro indicó una mayor aproximación con Estados Unidos, sin ocultar la afinidad de pensamiento y la admiración que mantiene por el presidente norteamericano Donald Trump, algo que, según parece, ocurre también de su parte, una vez que Trump fue uno de los primeros líderes mundiales a contactar Bolsonaro tras el resultado de las elecciones.

Si el hecho plantea algunas dudas sobre las preferencias de Bolsonaro y los reflejos del resultado electoral en toda América Latina, especialmente en materia de seguridad, política exterior, comercio (muchos expertos todavía han visto la posibilidad de un “efecto Bolsonaro” como inductor del retorno de los gobiernos más autoritarios a países que ya han enfrentado dictaduras militares), y eventuales daños en la relación con países vecinos, lo que no dejó de sorprender en los últimos días fue el anuncio del destino del primer viaje internacional del nuevo presidente brasileño: Chile, en fecha aún por establecerse.

¿América Latina relegada? No es lo que parece

Rompiendo una tradición de los últimos gobiernos del PT en Brasil, que tenían a Argentina – mayor socio comercial local de Brasil, como destino de la primera visita externa, Bolsonaro parece diseñar una aproximación estratégica al presidente chileno, Sebastián Piñera, con quien conversó largamente tras su victoria en las urnas .

El futuro ministro jefe de la Casa Civil en el gobierno Bolsonaro, Onyx Lorenzoni, actual responsable de coordinar la relación entre la futura gestión y el Congreso, fue quien reveló el primer viaje de Bolsonaro, calificando a Chile como una gran referencia latinoamericana. “Tiene buena educación, genera tecnología y hoy comercializa con todo el mundo. “Hay que tener la humildad de mirar ese ejemplo con atención”, dijo durante el anuncio, también llamando a Chile de “faro de América Latina” – lo que no deja de indicar la aspiración de mantener una relación saludable con aquella nación.

De hecho, el pequeño país de 17 millones de habitantes y múltiples acuerdos de libre comercio firmados, es una de las promesas de crecimiento económico en 2019 entre los países latinoamericanos. Además de liderar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en la región, con la mayor expectativa de vida, integra desde 2010 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organización popularmente conocida como el “club de los países ricos”, lo que Brasil, aunque sea la mayor economía latinoamericana, todavía no ha logrado.

La cita con una de las economías más abiertas del mundo (un deseo que Bolsonaro ya ha expresado para Brasil durante su campaña), puede verse como un sólido indicador de lo que viene.

En el programa de gobierno presentado por Bolsonaro al Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE), es explícita la defensa de mayor apertura comercial, por ser una de las alternativas más efectivas, según el documento, para la promoción del crecimiento de la economía a largo plazo. El plan, denominado “Camino para la prosperidad”, parece ser celebrado por economistas gracias a la posibilidad de dinamización del comercio internacional, capaz de funcionar también como un impacto tecnológico, de competencia y de productividad positiva para Brasil.

La cientista política Daniela Drummond, doctoranda por la Universidad Federal de Paraná (UFPR) y la Universidad Lusófona de Oporto, cree que las relaciones más sanas serán incluso con países como Chile. “Este país hoy sigue una política neoliberal como pretende seguir Bolsonaro, con la valorización de la propiedad privada y de la supremacía del mercado financiero, además de privatizaciones y reformas para la seguridad social y para los impuestos, aunque el modelo presenta problemas. Hoy Chile es una de las economías más abiertas del mundo, pero esa apertura económica también trae una mayor presión a los trabajadores, aunque tiene puntos positivos “, dice.

Mercosur no relegado, pero revisado

El Mercosur, bastante celebrado en los años del Partido de los Trabajadores en Brasil, sin embargo, parece sobrevalorado a los ojos de Bolsonaro. El presidente electo ya afirmó que no abandonará el bloque a pesar de la imposición de algunas amarras y de los problemas de integración entre los países miembros, pero sacará de él el carácter de instrumento de poder que ha adquirido en los últimos años, así como, en sus palabras, el carácter de “Sesgo ideológico”.

Por efecto, una natural revisión en un bloque comercial como tal, especialmente en momentos de crisis, podría posibilitar a Brasil prospectar nuevos socios en América Latina y reevaluar dependencias. “Esa postura no me parece positiva, pues necesitamos mantener buenas relaciones con los vecinos, después de todo, somos el mayor país y la mayor economía de América Latina. “El inicio del gobierno ya parece un tanto confuso y la economía del país realmente necesita ser reorganizada para volver a crecer, sin olvidar las conquistas sociales”, plantea Daniela.

El propio Mercosur, desde hace años, coquetea con una mayor aproximación comercial con Chile para lograr, a través de él, alcanzar con mayor rapidez los mercados asiáticos. Vale recordar que Chile, así como Perú, Colombia y México, integran la Alianza del Pacífico, un bloque creado para profundizar la conexión entre esas economías y Asia, y definir acciones conjuntas para la vinculación comercial con Asia-Pacífico.

La dirección de Bolsonaro, entonces, parece acertada dentro de ese contexto. “Bolsonaro va a tratar de aliarse a países y gobiernos más liberales económicamente y con una postura más de derecha, lo que tiende a privatizaciones. Esto demuestra estrechamiento con las grandes economías que, ciertamente, tienen interés en nuestras empresas públicas, ya que son muy rentables, a pesar del problema de desvíos de fondos que siempre han ocurrido, no sólo en los últimos 16 años. Y ciertamente con EEUU y China, que son las grandes economías mundiales”, opina Daniela.

¿Qué esperar, después de todo?

Para calmar los ánimos de aquellos que temen las relaciones futuras con los países vecinos, la cientista política afirma no ser simple hacer un análisis de la situación sobre un presidente con posturas tan contradictorias. “Pero, realmente, se acercará a países con gobiernos que priorizan el desarrollo económico y se preocupan menos de lo social”, evalúa.

No es un secreto que Colombia debe ser un gran socio de Brasil, incluso por las ideas anti izquierdistas que ambos países tienen en común. Otros países que atendieron a los criterios de cordialidad y ya expresaron el deseo de fortalecer vínculos y relaciones bilaterales con Brasil fueron Argentina (que insistió en la colaboración entre las naciones), México y Perú (además del propio Chile, por supuesto), lo que insinúa un buen pronóstico en relaciones comerciales con esos socios, obligando, por consiguiente, un trato cordial.

Mientras tanto, Venezuela de Nicolás Maduro es un caso totalmente aparte, considerando que Bolsonaro nunca se ha fijado en ocultar el rechazo que siente por la conducción política de aquel país, inmerso en grave crisis, y cuyo colapso económico ha ganado contornos de tragedia en los últimos años. A pesar de eso, el gobierno venezolano no dejó de apelar a la reanudación de relaciones, como países vecinos, al manifestarse oficialmente sobre la victoria de Bolsonaro.

De hecho, no hay más que hacer sino esperar que todas las tensiones e incertidumbres naturales del período electoral brasileño sean atenuadas, dando lugar a un escenario más sólido y menos especulativo.

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