Facebook Icon Twitter icon Linkedin icon
Destacado

Deirdre McCloskey: una de las más célebres economistas contemporáneas expone sus ideas

Enviar por email para leer más tarde

Una de las más distinguidas figuras de la economía en la era actual, Deirdre McCloskey es ampliamente reconocida por su experiencia en los ámbitos de la economía del libre mercado, estadística teórica, ética y de la defensa de personas transgénero. La eminente profesora de la Universidad de Illinois tiene PhD. en Economía por la Universidad de Harvard y tuvo su disertación agraciada con el Premio David A. Wells en 1973.

En Brasil por ocasión de su agenda de eventos en el país, LABS tuvo la oportunidad de hablar con la experta sobre su opinión acerca de la igualdad social, liberalismo, acuerdos comerciales y su punto de vista respecto a los países latinoamericanos y cómo ellos pueden dirigirse hacia el rango de potencias mundiales. A continuación, te enseñamos los temas clave de la charla – ¡échales un vistazo!

Una economía vibrante es clave

Con sólidas convicciones en el modelo económico que defiende, Deirdre no ha regateado adjetivos para condenar un Estado fuerte e interviniente en la economía. Según la académica, los gobiernos, de hecho, no ayudan a la población pobre – pero una economía vibrante y dinámica sí lo hace.

La experta, que se autodefine como favorable a ayudas para los más desfavorecidos, señala que la medida más positiva sería adoptar una política de ingreso mínimo, pero, en cambio, los gobiernos deberían deshacerse de todas las otras ayudas sociales, dejando los otros aspectos bajo el control del sector privado. Deirdre apunta que, de esa manera, la población pobre tendría el poder adquisitivo para, de hecho, participar en el sector privado.

McCloskey aún añade que un 10% de la renta nacional bruta es lo que bastaría para eliminar la pobreza en Brasil. La experta se posiciona contra la concepción francesa (Rousseau) de igualdad de resultados – o sea – cuando se nivela los ingresos posteriormente, pues, para ella, las personas son distintas – y, por consiguiente, tienen distintas habilidades y capacidades, por lo que esa categoría de igualdad “no es buena idea”.

En cambio, McCloskey sí es favorable a lo que define como “igualdad de respeto y libertad, sea para desplazarse, para abrir un negocio, para ingresar en una profesión, para hacer lo que se quiera y tener igualdad ante la ley – esto es suficiente”, añade.

Estado mínimo vs. Estado paternalista

McCloskey defiende que hay algunas pocas cosas que el estado debe proporcionar:

1. Educación primaria obligatoria
2. Vacunas contra enfermedades contagiosas
3. Defensa del país contra poderes extranjeros

Según la economista, los tres pilares serían la clave para lograr un estado mínimo.

Acerca de Brasil, la experta apunta que el crecimiento del país podría avanzar mucho más rápido si adoptara medidas liberales como, según ella, países como India (que crece a un 6% al año) y China han adoptado, lo que podría significar una solución para múltiples problemas sociales. En cambio, “lo que no es la solución es más supervisión del gobierno”, añade.

Para la experta, el rol del estado debe limitarse a garantizar y hacer que se cumplan las reglas y leyes que tienen que ver con la propiedad y los contratos. “Necesitamos que la policía detenga los robos y crímenes y que los tribunales procesen y juzguen – no necesitamos que el gobierno sea un padre o una madre, lo que sí necesitamos es asumirnos como adultos”.

McCloskey cree que, aparte de eso, todas las intervenciones estatales en las sociedades deberían ser detenidas, así pues, según ella, la gran parte de las políticas actuales como por ejemplo las medidas proteccionistas contra empresas extranjeras, no hacen más que molestar el desarrollo de la sociedad.

Desde su punto de vista, las políticas con enfoque desarrollista que los gobiernos han llevado a cabo en los países latinoamericanos desde los años 50 son, para ella, una “idea terrible”. “Brasilia (capital de Brasil) no sabe cómo administrar la economía, pues es imposible que un abogado en la capital del país sepa, por ejemplo, qué es lo que debe hacer una empresa fabricante de pan – eso es algo entre empresa y clientes”.

Acerca de otros países, la experta extiende sus críticas a países como Francia, donde un 55% de la renta nacional se queda el gobierno – lo que, para ella – es un importe demasiado grande, “mucho más allá de lo que es bueno para nosotros”.

Distinto de lo que podrían pensar la mayoría de las personas, la economista indica que los Estados Unidos, de hecho, no es un país liberal, ya que el gobierno retiene un 35% de la renta nacional, además de emplear una serie de regulaciones de distintos tipos para múltiples asuntos.

Un curioso ejemplo aportado por la experta son los casos de EE. UU y Suecia respecto a las políticas – bastante contrarias, hay que decir – que los países han adoptado en casos de empresas en bancarrota. En la ocasión de la recesión económica del 2008, la compañía automovilística General Motors entró en quiebra y la reacción del Congreso no fue otra que apresurarse en ayudar una empresa privada con miles de millones de dólares.

Deirdre aún subrayó que, Suecia, que según la economista es considerada un país supuestamente socialista, en cambio ha tomado una actitud opuesta en una situación similar. Cuando una compañía automovilística quebró en el país nórdico, el gobierno no reaccionó de ninguna forma, sin intervenir en algo que, según ella, no era asunto suyo. Además, la académica apunta que, cuando China ha comprado a la compañía sueca Volvo, el gobierno también no se ha importado – lo que, para Deirdre, no solo han sido logros fructíferos, sino que también hacen de Suecia un país, en efecto, capitalista. La experta aún señala que, si algo de esta suerte sucediera en EE. UU, “el gobierno se volvería loco” y no lo dejaría pasar.

Tras criticar las medidas estatales intervinientes en la economía, la estudiosa aún reprendió la teoría de la economista norteamericana Mariana Mazzucato, que defiende la idea de un gobierno emprendedor, donde el estado se involucra en proyectos de desarrollo y/o innovación. Para McCloskey, esto no tiene sentido porque los gobiernos no son buenos emprendedores y “toman malas decisiones”.

Para ejemplificar, la académica apunta las “políticas industriales” que se llevan a cabo en EE.UU. Para Deirdre, eso no suele ser una buena idea porque el gobierno elige las empresas ganadoras y direcciona capital a ellas – algo que debería ser autogestionado – o sea, empresa y clientes deberían lidar ellos mismos, no el gobierno – señala McCloskey.

Aún acerca del tema, la estudiosa resalta que las habilidades de un emprendedor tienen que ver con escuchar y observar a sus clientes y empleados, para luego comprender sus necesidades y solucionarlas – lo que hace de él un intermediario, apunta. En cambio, los gobiernos, para ella, no ocupan ese mismo rango intermediario, sino que asumen un modelo vertical para con la población, ejemplificado una otra vez por la economista como la figura paternalista.

Libre comercio entre países

“Compras tus manzanas de quienes venden manzanas buenas a bajo precio”. Bajo esta cita, Deirdre McCloskey defiende su punto de vista contrario a la protección de los mercados nacionales. Para ella, las relaciones de libre comercio son una óptima manera de conducir la economía, pues así los países pueden especializarse en hacer lo que efectivamente hacen bien.

Proteger la industria nacional es una idea terrible

Asimismo, la experta valoró como positivo los acuerdos entre países en desarrollo, como el caso del Mercosur. Para ella, la clave del éxito económico para los países es practicar el libre comercio, reducir aranceles y especializarse en lo que hacen bien.

Respecto al crecimiento económico, McCloskey apuntó que, para lograrlo, hay que comprender que “el crecimiento se conquista haciendo las cosas más bien que lo que se hacía antes”.
Cuando preguntada sobre el tema de los impuestos en servicios digitales, materia reciente en la agenda de los países latinoamericanos, la economista defendió que los gobiernos ya tienen suficiente capital y deberían dejar de intentar nuevas formas de aumentarlo.

En general, la experta se posicionó muy contraria a la aplicación de tributos, no sólo al IVA en servicios digitales, sino que también a los impuestos en transacciones internacionales, además de otros tipos de aranceles, señalando que son las personas y nos las empresas que pagan estos costos, de una manera u otra.

Con relación a la dinámica de los puestos de trabajo, McCloskey señaló que, si el estado intenta proteger el sector privado, no hace más que perjudicar la población, porque, según ella, los gobiernos intentan proteger unos pocos grupos y el resto sale afectado. En cambio, si el gobierno no interviene, las relaciones se llevan a cabo sin problemas, de manera auto gestionable, añade.

Los empleos no son el propósito de una economía, el consumo es el propósito, la mejor regla es la libertad de comprar dónde y lo que quieras

Para ella, dicha libertad debe gestionar el consumo y la producción de los países. “Compra de China lo que China hace bien”, añade, dejando clara su oposición a la protección de las economías internas por parte de los gobiernos.

Aún en materia de protección del mercado interno, la economista acrecienta qué, por ejemplo, sería de mucho más valor para el continente africano si los países europeos compraran de la industria africana, en vez de conceder ayudas. Asimismo, McCloskey defiende que Estados Unidos no debería intentar proteger industria local, lo que, muchas veces acaba afectando los precios de los productos.

Para ella, cuando el gobierno insiste por veces en proteger el comercio local en vez de comprar determinados productos de países que son mejores en producirlos, los precios suelen aumentar, lo que afecta la capacidad de compra de las personas. Y eso, para la estudiosa, es lo que de hecho hace daño a las personas más necesitadas.

“It goes by itself if u have a free society”

Además de sus fuertes convicciones respecto a la libertad de los individuos, McCloskey señaló la importancia de la innovación para el desarrollo económico. Según ella, “si haces algo, haga tan bien como hacen los mejores”, pues plantear altos estándares es la clave para lograr éxito, añadió.

De tal manera, la estudiosa defendió que la innovación es lo que mejora la calidad de los productos y bienes y conviértelos en más baratos, elevando el acceso a las personas. Para ella, si una empresa brasileña desea, por ejemplo, vender trípodes para cámaras, debe preocuparse en hacerlo tan buenos como los trípodes alemanes, que son referencia de calidad en dicho producto.

La economista aún añadió que es un error creer que el gobierno debe proveer las condiciones para que las personas tengan acceso a bienes, productos o servicios. Para ella, las universidades, por ejemplo, no deberían ser costeadas con impuestos, sino que con recursos privados.

En cambio, McCloskey reconoció como positivo el desarrollo implementado por la izquierda en Brasil en materia de educación básica. Según su punto de vista, como la educación primaria debe ser una de las pocas ocupaciones del estado, el hecho ha sido un buen logro del gobierno de izquierda en Brasil.

¿Qué decir de América Latina?

En tono optimista, McCloskey manifestó que los países latinoamericanos son, de hecho, “muy creativos”, y aún acrecentó que, desde su visión, Brasil es un país muy vibrante culturalmente, además de poseer empresas e industrias geniales.

La economista también declaró no ver obstáculos para que Brasil se convierta en un país rico dentro de 30 años, si adopta medidas liberales, como otros países han hecho. En cambio, si sigue aplicando políticas que plantean el objetivo de que el gobierno es quien va a crear un país desarrollado, seguirá creciendo lentamente, y no en plena marcha, como podría hacerlo.

Para ella, los países latinoamericanos tienen por costumbre los gobiernos paternalistas, por lo que el estado se queda con una parte demasiado elevada de la renta nacional. McCloskey afirma que el 45% de la renta nacional que mantiene el gobierno brasileño para sí no es positivo, pero si es algo que detiene el desarrollo económico.

Acerca de Argentina, la estudiosa también señaló que considera el gobierno del país demasiado grande, manifestando que el país quedaría en mejores condiciones si se redujera la dimensión del estado argentino.

La economía moderna se trata de capital humano e innovación.

Al fin y al cabo, la experta apuntó con convicción que, en el caso de Brasil, la riqueza del país no se trata de exportaciones, o recursos naturales y ni tampoco de tierra. Para ella, Brasil tiene el potencial de convertirse tan rico cuánto EE.UU, si, para eso, adoptar políticas liberales, vender empresas estatales y reducir la legislación laboral – dejando la materia al encargo de las empresas y empleados, y ocupándose tan sólo de cuestiones esenciales en el ámbito como la esclavitud y el acoso.

Es la gente que innova, la gente que hace una economía, no los gobiernos.

Con sólidas convicciones acerca de su posicionamiento, McCloskey aportó ideas y conceptos que, desde su punto de vista, son las claves para lograr crecimiento y desarrollo económico en el caso de Brasil y de los demás países latinoamericanos.

Leave your comment

* *

0 Responses

You might also like